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Las dos negras

27/01/2012 - Absalondavis

Las dos Negras.

MADRES SUSTITUTAS de BOLIVAR

Durante la colonia los blancos criollos tenían esclavos especialmente negros para servirles en actividades de minería, agricultura y ganadería. En la servidumbre de opulentas familias coloniales, destacaban las mujeres negras, a quienes se encargaba de los asuntos de cocina, limpieza de residencias, crianza y primera educación de los pequeños que se transformarían en clase dirigente.

Generalmente, los negros esclavos recibían el apellido de sus amos para identificarlos, hecho que constituía demostración de capacidad económica al vincularse con las familias, la cantidad de esclavos con el mismo apellido. Cada domingo, las negras portaban los cojines donde las mantuanas se arrodillarían durante los oficios religiosos, mientras que los negros, esperaban en la Plaza Mayor para seguirlos hasta la respectiva residencia.

La sociedad colonial mostraba odiosas jerarquías: en primer orden, autoridades españolas, civiles y eclesiásticas; seguidamente blancos terratenientes, continuaban pardos, indios encomendados y sometidos y por último, el negro en esclavitud.

En tiempos de nuestro Libertador Simón Bolívar, su madre, Doña María de la Concepción Palacios, dio a luz al futuro Grande Hombre, el 24 de julio de 1783 en horas de la noche. Simón era el cuarto hijo del matrimonio Bolívar-Palacios. Previamente, el 1º de noviembre de 1777, nacía María Antonia, “La Criolla Principal”; luego Juana Nepomucena el 16 de mayo de 1779 y Juan Vicente, el 30 de mayo de 1781.

Para la fecha del nacimiento de Simón, su madre se encontraba delicada de salud y sin capacidad de amamantar al pequeño. En los avatares del futuro Padre de la Patria, Ines Mancebo de Miyares, nacida en Santiago de Cuba, esposa de Fernando Miyares, oriundo de la misma ciudad, Gobernador de Barinas, fundador de San Fernando de Apure y capitán general de la provincia de Venezuela, aportó su leche materna durante los cinco primeros meses en la vida de Bolívar, al haber dado a luz a Úrsula, quien sería esposa del general realista Ramón Correa.

El oportuno nacimiento de Dionisio fue ocasión precisa para conducir hacia Caracas a su madre nodriza: la Negra Hipólita Bolívar, destinada a completar la lactancia del niño Simón y encargarse de sus primeros pasos. La crónica afirma que los senos de Hipólita eran como dos grandes cantaros, de donde emanaba abundante leche capaz de alimentar en una sola mamada a Dionisio y al débil Bolívar.

En su día a día, Hipólita también alimentaba a Simoncito, con leche fresca de las vacas que pastaban en el patio trasero de la casa. Para las meriendas, Hipólita preparaba arroz con leche ó arroz con coco; dulce de coco; suspiros con huevos batidos y papelón; majarete; y como plato de frutas, los jugosos nísperos que tanto gustaban a Simón.

En 1786, con la muerte de Don Juan Vicente Bolívar, la responsabilidad familiar recayó sobre la enérgica Doña María, pero tal compromiso hizo mella en su resentida salud, enferma de tuberculosis, causa de su fallecimiento el 6 de julio de 1792, cuando Simón apenas contaba nueve años.

Al fallecer sus padres, los hermanos Bolívar pasaron a custodia de su abuelo Feliciano Palacios, quien asumió papel de tutor estando enfermo.

Simón fue confiado a su tío don Esteban Palacios y Blanco, pero como se encontraba en España, permaneció bajó custodia de su tío Don Carlos Palacios, con quien no se llevaba bien por su tosquedad y duro carácter. Al ausentarse frecuentemente de Caracas para atender sus propiedades, Don Carlos dejaba a su sobrino Simón al cuidado de la servidumbre y asistencia por su cuenta, a la Escuela Pública de Caracas.

En este cuadro la Negra Matea, se transformó en compañera de juegos de Simón, mientras que la Negra Hipólita, criará a Bolívar como su propio hijo, con el afecto de madre, hecho que el propio Libertador reconocerá años después. C ariñosa y condescendiente, supo entregarse a un niño realmente travieso, descargando en él todo su afecto, soportando esfuerzos por darle ratos de ocio y formándolo condescendientemente, siendo este hecho, lo que llevó al pequeño Simón a tener espíritu de superioridad y mando, seguramente influyente en su recio carácter de Libertador.

Hipólita no sólo amamantó a Bolívar, también lo alimentó espiritualmente con oraciones, enseñanzas y consejos, además de acompañarlo en algunos campos de batallas por la independencia de Venezuela.

En la servidumbre de la familia Bolívar Palacios, Hipólita y Matea Bolívar, dejaron honda huella en la vida del Libertador, desde su niñez hasta sus últimos días.

Con el correr de los años y la cosecha de triunfos, Bolívar nunca olvidó a sus dos nodrizas, especialmente de su negra Hipólita, haciendo que no les faltara una pensión.

HIPOLITA BOLIVAR. Nació en San Mateo en 1763. Por su fuerte contextura costó trescientos pesos. Estaba casada con Mateo, otro esclavo de la servidumbre en la familia Bolívar, quien trabajaba en la hacienda “Santo Domingo de Macaire” en Caucagua.

Hipólita dio a luz en San Mateo a Dionisio, un esclavo libre que llegó a participar con grado de Sargento en la magna batalla de Carabobo, en razón a que El Libertador había dado la libertad a sus esclavos en 1821.

El oportuno nacimiento de Dionisio fue ocasión precisa para conducir hacia Caracas a la Negra Hipólita Bolívar, para completar la lactancia del niño Simón y encargarse de sus primeros pasos. Cabe destacar que en el cuidado íntimo del mantuano, se utilizaban pañales traídos de Holanda.

Tales hechos fueron recordados por Bolívar en diversas oportunidades, demostrando en cartas (1825) y actitudes (1827), el cariño que siempre sintió por Hipólita, a quien llegó a considerar como su madre e incluso como su padre, pues hizo las veces de ambos, hecho que quedó corroborado en correspondencia dirigida desde Cuzco-Perú, el 10 de julio de 1825 a su hermana María Antonia, donde le indica: “…Te mando una carta de mi madre Hipólita, para que le des todo lo que ella quiere, para que hagas por ella como si fuera tu madre, su leche ha alimentado mi vida”.

Al regresar a Caracas en 1827, para solventar los problemas de La Cosiata, entre la gente que en las calles caraqueñas saludaba y daba vítores a Bolívar, se encontraba Hipólita. Al verla, Bolívar desmontó y emocionado fue a abrazarla, quizás derramando una lágrima de alegría al reconocerla, preguntando, y ¿Dónde está Matea, que me enseñó mis primeros pasos?.

La noble negra Hipólita, f alleció en Caracas el 25 de junio de 1835, a los 72 años de edad.

MATEA BOLIVAR. Nació en San Juan de Tiznados, estado Guárico, el 21 de septiembre de 1773. Desde muy joven vivió en el Hato El Totumo en San Mateo propiedad de los Bolívar, donde se encargó de los quehaceres domésticos de la hacienda.

Contando doce años, Matea fue llevada a Caracas en 1785, como aya del niño Simón, entonces de dos años, para transformarse en compañera de juegos y apoyo de su educación inicial, llegando a ser una especia de primera maestra del Libertador.

Al morir Doña María de la Concepción, en 1792, Matea se traslada a la residencia de María Antonia, casada con Pablo Clemente Francia Palacios.

El joven Bolívar contrae nupcias en Madrid, en 1802, con María Teresa Rodríguez del Toro. Al regresar a Caracas, el matrimonio se radica poco tiempo en casa de su hermana María Antonia, siendo atendidos por Matea, quien los acompañará hasta la hacienda-ingenio San Mateo, donde María Teresa contrae fiebre amarilla, y fallece en Caracas el 22 de enero de 1803.

Matea permaneció en San Mateo con María Antonia.

Siendo 25 de marzo de 1814, en etapas de la II República, el temible José Tomás Boves rodea San Mateo, mientras Francisco Tomás Morales avanza sobre la parte alta del Ingenio intentando tomar un parque tenazmente defendido por el capitán neogranadino Antonio Ricaurte, hombre de decisión y arrojo quien para evitar que los realistas se apoderaran del arsenal, tomó un tizón para volarlo, muriendo heroicamente por la patria.

La crisis causada por la guerra, obligó a María Antonia, Juana y Matea Bolívar a trasladarse a Curazao, hospedándose en una residencia conocida como “El Octagón”, de donde se partieron hacia La Habana, regresando a Venezuela en 1823.

La Negra Matea atendía al Libertador cada vez que se movilizaba hacia Caracas, complaciéndolo con gustosos platos. Sufrió mucho al morir el Padre de la Patria en San pedro Alejandrino en 1830.

A la muerte de María Antonia el 7 de octubre de 1842, a pocos días de llegar los restos de Bolívar a Caracas, Matea se muda a casa de Valentina Clemente de Camacho, hija de María Antonia.

El 27 de marzo de 1874, el presidente Antonio Guzmán Blanco, ordenó por Decreto, transformar la iglesia de la Santísima Trinidad de Caracas en Panteón Nacional, con el objeto de conservar los restos de los Próceres de la Independencia y personas eminentes. El decreto de Guzmán Blanco incluyó terminar las fachadas de la iglesia, diseñadas por el ingeniero José Gregorio Solano en 1858, cuya restauración fue conducida por los ingenieros Julián Churión, Juan Hurtado Manrique, Tomás Soriano y Roberto García.

Ya centenaria, la negra Matea Bolívar, tuvo la honra de ser llevada por el presidente Antonio Guzmán Blanco el 28 de octubre de 1876 a los actos realizados en el Panteón Nacional, en ocasión del traslado de los venerados restos del Padre Libertador. En esta ocasión la Negra Matea colocaría una ofrenda floral ante el sarcófago de Bolívar, acompañado de Valentina, hija de María Antonia Bolívar.

Durante sus últimos años de vida, Matea pidió que en su cuarto fuera colocada una pintura de Bolívar para recordarlo cada día. Diez años después, el 29 de Marzo de 1886, la Negra Matea Bolívar, moriría en Caracas, a la edad de ciento doce años.

En reconocimiento pleno a su gesta familiar y apoyo infinito al Padre de la Patria y la familia Bolívar-Palacios, los restos de las dos negras esclavas, liberadas por Bolívar, Hipólita y Matea, fueron trasladados desde el Cementerio General del Sur al Panteón de los Bolívar en la Catedral de Caracas, el 31 de julio de 1975.

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